CINCO REFLEXIONES MÁS SOBRE REPUTACIÓN

¿Por qué a Google o a Facebook le preocupan tanto su reputación? Ya no basta con ajustarse a la ley. Además, hay que trabajar en sintonía con los valores socialmente emergentes. Los consumidores, una vez más, tenemos el poder. ¿Ocurre esto también con las ciudades? ¿Y con los países? José María Zambrano avanza cinco pistas sobre lo que está pasando.

 

1. Las organizaciones se crean por un motivo. Las empresas, hasta hace poco, tenían el cometido de maximizar el valor del accionista, sin más criterios adicionales. Obtener un benéfico después de pagar a trabajadores, proveedores e impuestos es algo que no todas las empresas consiguen, pero conseguirlo no significa tener una posición de utilidad por encima de otras compañías rivales.

 

2. Si una empresa que cotiza el IBEX no cumple con producir beneficios a sus accionistas, no tiene sentido que esté ahí. Si bien el cometido de dar valor al accionista ya está superado, ser útil a la sociedad es el siguiente gran paso.

 

3. Si una empresa es reconocida por sus diferentes púbicos, la consideran útil y defienden su permanencia en el mercado, significa que «el olor que desprenden» es apreciado por sus stakeholders. Otras, sin embargo, pasaran sin pena ni gloria a la historia cuando aparezcan nuevos rivales que fabriquen lo mismo, distribuyan mejor, a menor precio o presenten innovaciones que pongan de moda.

 

4. Los territorios son reconocidos por sus marcas de ciudad. Este posicionamiento les permite competir en sus ámbitos locales o internacionales. Decidir con qué ser competente para competir y saber comunicarlo es la mayor aportación, su propósito, para evolucionar y contribuir a un mundo global.

 

5. Las ciudades, al igual que las empresas, están destinadas a tener un propósito, que les conecta con las cadenas de valor, otras empresas, otras ciudades y, lo más importante, con las personas.

 

De todo esto habla Pau Solanilla en su último libro, que José María Zambrano va a presentar en Sevilla el próximo día 20.